viernes, junio 13, 2008

Collage...















Quedaba poco para el día. Si, ese día que algún comerciante inventó.
Ese en que todos gastan su plata para regalar algo por obligación (aún cuando les guste regalarle algo) a sus madres. Creo que era el primer domingo de mayo, o el segundo, o capaz unos meses después. Nunca fui bueno para las fechas, pero igual no importa, por que la Tv, las radios, los afiches en la calle se encargan de recordártelo, eso sumado a algún volante de crédito que te dan por 18 para que puedas regalarle el último celular de moda a tu mamá, por que ella lo necesita, ya!.
Yo me acorde que en el jardín le hacia unos regalos lindísimos y que le gustaban mucho más que los bombones del año pasado.
Así que ahí me pase toda la tarde del sábado peleando con la yerba (que supo hacer de pasto), las lentejas (que marcaban el camino hacia la casa), la polenta (que brillaba mucho más que el sol últimamente) y los porotasios (que se encargaban del resto de los detalles), para completar una casa pintada con crayolas.
El domingo me levanté temprano, subí las escaleras en puntas de pie y la desperté!, Feliz día mamá!!, ahí entre besos y abrazos le dí mi regalo en la hoja amarillenta de garbanzo. Pero parece que no le gusto por que puso cara seria y me dijo algo así como: "...pero Pablito vos ya tenes 22 años...".
Y yo que pensaba que les gustaba lo que hacía cuando era chico...

sábado, mayo 24, 2008

De parada en parada

Hoy viajando en el ómnibus camino a Faultad, en ese trayecto de tiempo que suele ser perdido, porque no lo puedo dedicar a otra cosa más útil, descubrí una conexión espectacular.

Muchas veces me he preguntado que es lo que lleva a los muy amables conductores de ómnibus a actuar como lo hacen, si existe algún móvil detrás de tanta generosidad. (no me crean estoy siendo irónica) Nunca entendí esa brutal manía de llenarte de monedas cuando te dan el cambio. ¿Ganan algo con eso? ¿Les genera un placer sádico?.

Les juro que he visto a uno de mis compañeros de colegio, que por cierto es guarda, darle cambio de quinientos pesos en monedas a un pasajero, ¡no se si se logran imaginar su cara de desgraciado!

Después en otro momento del extenso y aburrido trayecto, subió al autobús un artista callejero, esos que con sus cantos o recitados juran hacernos el viaje mas ameno, aunque en algunas ocasiones nosotros no pensemos lo mismo, y tengamos que subir el volumen de nuestra música hasta llegar a no escucharlos. Pero tampoco seamos injustos hay muchos de ellos que lo hacen muy bien, y fue uno de estos casos los que me movió a escribir esto.

Bueno volvamos al punto de partida, yo me encontraba allí viendo al artista cantado una muy buena canción de Silvio Rodríguez, que creo que a la mayoría de los presentes le agrado como fue interpretada.

Fue entonces que en mi cabeza sonó un gran clic, como una luz que se enciende en la inmensa oscuridad, y de repente todo fue tan claro para mi (hasta algunos de mis pelos), había descubierto una conspiración de años, un maquiavélico plan. Uno casi tan brillante como pasar las botellas atadas con una cuerdita por los traga botellas de los supermercados e incluso más brillante que el de pasar botellas llenas sacadas del refrigerador de al lado. Hitler si estuviese vivo envidiaría a la mente que lo ideo (en realidad es probable que lo mandase matar). Los guardas de los ómnibus te llenan de moneditas para poder así contribuir con los artistas callejeros, para que cuando nos pidan una colaboración tengamos monedas para poder darles.

Después de este abrumador razonamiento decidí que era mucho para el mismo día y volví a escuchar mi música dejando de pensar en cosas relevantes de la vida.

jueves, mayo 08, 2008

Hojas y espiral
O algo más






Vuelvo a vos, como espere los últimos tiempos. Con la cara fría y los pensamientos en lugares más fríos y mucho más lejanos.

No volví antes por que me había quedado sin lápiz, y es en el sentido más literal que lo digo. De haber sabido que demoraba un minuto y cuatro pesos en regresar nos hubiésemos reencontrado hacía meses.

Igual no me gana el remordimiento, precisaba ese tiempo, descansar de vos un rato, vivir algo más real.

No me malinterpretes tampoco, te sigo queriendo, al fin y al cabo acá me vez, escribiéndote (nuevamente en el más literal de los sentidos).

Bueno bueno no llores, yo me emociono también. Pero tenés que ser fuerte, sino a mi ¡¿Quién me banca?!